El Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma solicita que la Bajada de la Virgen sea “Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad”
El Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma ha iniciado en la sesión plenaria de hoy el proceso para lograr la declaración de las fiestas lustrales de la Bajada de la Virgen de Las Nieves como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad”.
El acuerdo, aprobado por unanimidad de todas las fuerzas políticas, solicita a la Dirección General de Cooperación y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias la proposición de candidatura de la Bajada de la Virgen, a fin de que se eleve la propuesta al Comité para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de la UNESCO.
“Éste es un proceso largo, que iniciamos hoy, en el convencimiento de que nuestras fiestas lustrales tienen elementos únicos y singulares más que suficientes que la hacen merecedora de este reconocimiento por parte de la UNESCO”, asegura el alcalde de Santa Cruz de La Palma, Sergio Matos.
En la resolución aprobada se recuerda el carácter excepcional de estas fiestas cuyas principales características se desglosan en diez apartados: antigüedad, ritualidad, simbolismo, patrimonialidad, originalidad, multiplicidad artística, renovación, participación ciudadana, autenticidad y unicidad.
Fundada por el obispo Bartolomé García Ximénez en 1676, durante sus 67 ediciones desde 1680 hasta 2010, la Bajada de la Virgen se ha convertido por derecho propio en una de las citas más genuinas del calendario festivo canario, en virtud de una serie de valores devocionales y culturales que constituyen, en su conjunto, una de las formas de identidad que más y mejor han definido el carácter palmero.
Las Esmeraldas de «Asieta» - El rico joyero de Nuestra Señora de Las Nieves
el 31.7.12
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Al rector don Pedro Manuel Francisco de las Casas, con todo mi cariño, respeto y gratitud".
“… quando Dios castigó aquel puerto con una peste de fievre amarilla, que havía día en que morían más de sien personas; se encomendó a la milagrossísima ymagen de Nuestra Señora Dª Nieves suplicándole se condoliere de ella y que le livertase de aquel azote y parese la Virgen le oió, por lo que mandó un anillo de oro con gran esmeralda quadrada…”
Desde siempre se ha oído hablar sobre una extraña inscripción que, supuestamente, ha tenido la Virgen grabada en su espalda o dorso de terracota. Un enigmático y célebre epígrafe: “ASIETA” o “ASYETA”, conocido como el acrónimo (sigla que se lee como una palabra) de “Alma Santa Inmaculada en Tedote Aparecida”. Es así como el erudito Juan Bautista Lorenzo Rodríguez (1841-1908) la había descifrado, con lo que se confirmaría su naturaleza prehispánica. (Recordemos que Tedote es el nombre aborigen del cantón donde se haya enclavada la capital palmera). Se trata de un nombre propio que llevan muchas mujeres palmeras de todas las edades y que ha sido asumido como sinónimo o hipocorístico de “Nieves”. Así, desde comienzos del Novecientos, se localizaban registros bautismales con este nombre.
Wamgüemert y Poggio, en su libro publicado en 1909 titulado Influencia del Evangelio en la Conquista de Canarias asegura que, no sólo es cierta la existencia del mencionado grabado, sino que éste fue estudiado por el Obispo Antonio Tavira y Almazán (cuya visita al Santuario tuvo lugar en 1794). Este prelado había examinado con rigor la inscripción definiéndola como “Alma Santa Inmaculada En quien Tenemos Amparo”.
No obstante, ni en el acta correspondiente a esa visita, ni en el Archivo Parroquial consta que la “Morenita” posea tal inscripción. Es posible que los historiadores hayan hecho caso al asunto “de oídas” sin haberlo estudiado en profundidad. Incluso se ha dicho que así era llamada por el pueblo benahoarita que ya la veneraba antes de la Conquista de La Palma. Recordemos que es la imagen mariana más antigua de Canarias y que ya estaba en Benahoare antes de la llegada de los castellanos comandados por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo en septiembre de 1492.
Es rotunda la aseveración hecha por el palmero Alberto- José Fernández García en su galardonada publicación titulada Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves (León, 1980). Allí explica cómo tuvo el gran honor de contemplar la imagen de la Patrona de La Palma sin las ricas vestiduras que la cubrían. Confirmó así mismo que no había encontrado nombre o inscripción alguna. Ello coincide con las opiniones de los diversos mayordomos o camareras que la venerada efigie ha poseído en las últimas generaciones.
Sin embargo, según el testimonio del sacerdote y escritor José Crispín de la Paz y Morales, éste afirmaba haber visto la inscripción, muy difusa, sobre el dorso mariano: “en su espalda tiene un letrero en caracteres poco profundos e irregulares que parecen querer decir Asieta”.
Esta supuesta leyenda fue objeto de especulación y de variopinta interpretación desde el siglo XVIII hasta principios del XX. Así, en la descripción de los festejos de la Bajada de 1765 (Antonio Abdó, 1989) consta que, durante la procesión del retorno de la Morenita a su Santuario, se confeccionó una magnífica fuente de la que brotaban seis hilos de agua que “cifraban con primor las seis letras que tiene grabadas en su vestuario esta prodigiosa ymagen, que son ASYETA”.
Otra opinión es que esta inscripción había sido esculpida detrás de la Virgen, pero no en su pequeña imagen de terracota policromada de finales del s. XIV, sino en el fondo del antiguo nicho u hornacina del retablo que ya ha desaparecido. Así, el devoto Leodegario Matos conjeturó la posibilidad de que las cifras se hallasen labradas en el nicho de la Virgen.
El espectacular y valioso joyero de “Asieta” o de Nuestra Señora de Las Nieves –Regidora Mayor y Patrona Inmemorial de La Palma y de Los Palmeros- está documentado desde las primeras donaciones en el siglo XVI. Es un testimonio de piedad y devoción fervorosa de generaciones de palmeros a lo largo de estas últimas cinco centurias.
No ocurre así con los de, por ejemplo, las Vírgenes de Candelaria en Tenerife y de El Pino en Gran Canaria. Esto ha sido motivado por varias razones: la desamortización, los robos perpetrados, varias requisas, fundiciones, desmontaje de piezas, pérdidas, deterioros, etc. En el caso de Candelaria, se posee –aparte de una serie de noticias fragmentarias- los apuntes interesantes escritos por fray Pedro de Barrios en 1769. En el caso de El Pino, se han conservado libros de prendas e inventarios. Tanto estos manuscritos como los retratos de sus veras efigies constituyen unos testimonios únicos que nos ayudan a conocer sus valiosos joyeros, hoy desaparecidos. Afortunadamente, no ha ocurrido así con el caso de Las Nieves en La Palma, cuyas alhajas ofrecen un caso de extraordinario interés, no sólo por su antigüedad y calidad, sino por la completa documentación que ha llegado hasta nuestros días.
Muchas de estas dádivas a la “Morenita” fueron ofrecidas por devotos como exvotos para agradecerle su mediación en forma de prodigios: la llegada de personas dadas por perdidas, la milagrosa curación alcanzada, la llegada a buen puerto tras la tormenta o acoso pirático, el buen parto, y así un largo etcétera. El Santuario custodia un largo catálogo de valiosas prendas y alhajas con las que el pueblo palmero ha agradecido a su Patrona los favores recibidos.
“Como la rosa en la cuna
del botón, donde le teje
para cárcel de su pompa
cinco prisioneros lo verde,
que descolorida al susto
su candidez inocente,
prisionera de diamante
grillos de esmeralda tiene,
triste y retirada vive
hasta que pudo impaciente
romper el fuero a la injusta,
severa ley que le prende
y convirtiendo en halago
su pena, en nácar su nieve,
ostenta ufana en el prado
majestad de rosicieres :
así, Señora, oprimido
nuestro generoso, ausente
fiel corazón en la cárcel
de una esperanza…”
Loa, 1765. Rippa
El tesoro impresionante que conforma el suntuoso joyero de la Virgen de Las Nieves -único en el Archipiélago cuya relación sería una empresa prácticamente inacabable-, está compuesto en una gran mayoría, por los regalos de los indianos. Baste decir que, a finales del XVII llegaron a existir en América dos apoderados del santuario. Nos recuerda el mismo profesor que uno se hallaba en la ciudad peruana de Lima y otro en La Habana, nombrados en 1694 por su mayordomo con el sólo objeto de recibir los legados hechos a la Patrona de La Palma en “rrealez, oro, plata, perlas, joyas, prendas y otras cualesquiera alajas de los géneros referidos, ornamentos, bestidos… así en el dicho reyno del Pirud como en otras cualesquiera partes…”.
Uno de los primeros datos que conocemos acerca del joyero de la Virgen se remonta al inventario del 12 de enero de 1571, donde consta “una corona de plata que con hechura y todo pesa 24 doblas”. Más tarde, el 3 de octubre de 1574, se consigna “una corona de plata del niño jesus” y “un viril de Indias” De entre las impresionantes joyas que posee la venerada Imagen, la que posiblemente sea una de las más antiguas, es un calvario en miniatura, dentro de un cilindro de cristal engastado en oro, del que penden nueve perlas. Fue regalo del Regidor de La Palma Guillén de Lugo Casaus en 1576.
La corona de oro, esmaltes y perlas que aparece inventariada por primera vez en 1603, fue enviada desde el Nuevo Reino de Granada, en Indias, por Pedro Fuentes, un hijo de La Palma. Otras coronas de plata fueran traídas desde América por Agustín Poggio, pero fueron fundidas para la construcción del fabuloso trono festivo de plata de la Virgen. Un hilo de cuentas de oro dejado en testamento por Polonia Lorenzo en 1633. El riquísimo collar de esmeraldas con medallas esmaltadas y perlas lo posee desde 1648. El capitán portugués Manuel de la Mota le regaló el precioso rosario de perlas gruesas, a condición de que la Sagrada Imagen lo tuviera siempre encima “por la mucha devocion con que se lo habia traydo y que confía traer otras cosas dándole buen viaje”. La dama Beatriz Corona y Castilla (fallecida en 1685) donó un valioso collarete de oro y esmeraldas al recuperar su deteriorada salud tras el primer parto…
La provincia andina de Mérida –actual estado de Venezuela-, perteneció hasta bien entrado el siglo XVIII al virreinato de Nueva Granada, lo que hizo que su platería adquiriera un carácter muy semejante a la producida en Colombia. Llegó a ser una tierra muy rica en metales y piedras preciosas, sobre todo esmeraldas y perlas. Nueva Granada fue la primera región productora de oro de las Indias. Se calcula que su rendimiento fue de unos cien mil kilos durante el siglo XVIII. Por esto no es de extrañar que los obsequios llegados de esta zona del Nuevo Mundo tengan carácter de joyería, especialmente coronas en oro, esmaltes y esmeraldas, ofrendadas a las diversas patronas de las Islas.
Era una piadosa costumbre muy arraigada en las señoras de la época la de donar joyas y vestidos a las imágenes de su particular devoción, sobre todo a la Virgen de Las Nieves. Así, una “lagartija” de oro y esmeraldas fue obsequio de Margarita de Guisla Van de Walle en 1652. Otra muy parecida –junto a un vestido verde de tela de oro- fue dejada a la Patrona por Francisca Vélez de Ontanilla en su testamento de fecha 3 de abril de 1778. Ambas obras de arte fueron enajenadas para sufragar los gastos que supusieron las reformas de la capilla mayor en 1876.
En agosto de 1812, la camarera de la Virgen recibió de una vecina de Breña Baja un “anillito con una esmeraldita que havía prometido a la Santísima Ymagen de Nieves en una aflicción en que se vio y parece le oió la Santísima Ymagen…” Otro anillito de oro con una esmeralda pequeña le fue ofrecida por una criada de las monjas catalinas de la capital palmera; una sortija de oro que donó una esclava de Pedro Vélez y Pinto, rector de la parroquia matriz de El Salvador; otro anillo con nueve esmeralditas mandó el cubano Vicente Padrón, “por mano de José Luis; y recivió el señor maiordomo en 1º de 1811”…
Son numerosas las relaciones de alhajas que constan en los libros de Inventarios y de Cuentas de Fábrica del Santuario en los que, según informa Pérez Morera, “a la par que reflejan la posición social de sus donantes, los obsequios representan a todos los estratos sociales; y al lado del regalo de los linajes más nobles y pudientes –damas de distinguida condición y encumbrados caballeros- encontramos los más humildes de sirvientas y esclavas”. Personas de toda clase condición eran los donantes, desde indianos y regidores, mareantes y clérigos, campesinos y escribanos públicos, camareras de la Virgen y devotas anónimas, casadas y solteras, ancianas y adolescentes, jueces y reos, mecenas y mujeres tapadas que ocultaban su rostro… Así, se recibe en 1642 una poma de filigrana con tres calabacitas pendientes de quien se ignoraba su identidad “porque la dio vna tapada a un clérigo que la diese”.
Componen el valioso joyero de la Virgen numerosos collares de perlas y oro, valiosos rosarios, cruces de esmeraldas, oro y esmaltes, broches de oro y piedras preciosas, medallones de filigrana; la “Rosa Aurea” -una gran rosa de oro macizo donada por Manuela de Sotomayor que luce entre sus manos la Virgen en las grandes solemnidades-, innumerables anillos, cadenas, pulseras, sartas de perlas, rosetas, lazos, pendientes…; también dijes –colgantes a modo de juguetes para el Niño-; aguacates y bellotas de oro; higas –amuletos contra el mal de ojo en forma de puño- en marfil, plata, oro, coral; pinjantes de cadenas en forma de pájaros y sabandijas, como cocodrilos y salamandras; un rostrillo cuajado de perlas y esmeraldas hecha por orden del Visitador (el 19 de septiembre de 1757); una custodia de diamantes, oro y perlas fue el legado de Ana Teresa Massieu y Vélez de Ontanilla en 1706
La guirnalda de oro, esmeraldas y gemas que lleva la imagen sobre los hombros -confeccionada por el orfebre palmero Manuel Hernández Martín- le fue colocada el 28 de mayo de 1972, en la “Fiesta de Las Madres”. Otras piezas importantes son: la lujosa “Eme” de María hecha de perlas; las maravillosas coronas de diamantes y gemas de la Coronación Canónica, efectuada por Monseñor Tedeschini –Nuncio Papal- el 22 de junio de 1930-; y así una larga relación de alhajas impresionantes que, incluso, tienen nombre propio: “la Sirena”, “la Custodia”, “el Barco”, “la Lira”, etc.
El barco de marfil en miniatura fue obsequio de Asunción García de Aguiar; la preciosa lira de oro y esmaltes fue obsequio de Rosario Becerra y Cosmelli. Esta ilustre dama regaló a la Virgen todas sus joyas para que fueran invertidas en las mencionadas coronas imperiales para su coronación; también dejó todas sus alhajas el párroco José Crispín, en su testamento de 22 de octubre de 1952… Curiosamente, monjas y religiosas regalaban importantes prendas a Asieta en sus lustrales bajadas, en sus conmovedoras despedidas de la Virgen tras la estancia de la imagen en los conventos capitalinos de Santa Agueda y Santa Catalina, por si el adiós fuera para siempre…
Juana Felipe Cárdenas le regaló un bello medallón de filigrana de oro y perlas en 1903. La mayor esmeralda que luce la imagen la recibió de manos de José Manuel de Fuentes en 1757. Un soberbio broche y una sirena de esmeraldas, un clavo de oro, un broche de esmeraldas y una cadena de magníficas perlas fueron dádivas de María de Las Nieves Pinto y Vélez de Ontanilla en 1779. Esta rica dama también le regaló la plata de la mandorla o sol que nimba la imagen. Un vecino de La Habana, Domingo Hernández, había regalado en 1672 un espléndido conjunto de joyas, entre las que se encuentran una fabulosa cruz de esmeraldas, oro y esmaltes. Manuela Sotomayor le regaló un hermoso lazo y cruz de oro y perlas. En el largo catálogo de alhajas aparecen otras valiosas cruces: con broche de oro, esmeraldas, amatistas, perlas y topacios (Arte Barroco del siglo XVIII); otra cruz de oro, esmaltes, perlas y esmeraldas (joya Renacimiento centroeuropeo de finales del XVI); otra de oro, esmaltes y esmeraldas con pendientes de perlas, con broche de oro y esmeraldas del siglo XVII; otra pieza con cadena confeccionada de oro y esmeraldas del siglo XVII, etc.
Muchas de estas prendas, al igual que ocurría con las piezas del vestuario, llegaron a ser consideradas como talismanes protectores. Así, algunos devotos las adquirían y con este dinero se podían sufragar importantes obras en el Santuario, como ocurría con la elevación de la capilla mayor, etc. También, para terminar la construcción (1701-1707) del fabuloso retablo mayor, pieza exquisita del barroco, se enajenaron numerosos zarcillos, rosas de pecho y sortijas. Así, como ejemplo, Luis Cervellón, adquirió por 53 reales un anillo con una pequeña esmeralda sobre un corazón y una sortija con 26 perlas…
Una joya de pecho, denominada “la custodia”, fue donada por Ana Teresa Masssieu y Vélez de Ontanilla en torno a 1706, “original diseño sin parangón conocido en la joyería española”, siguiendo los deseos que la Virgen había transmitido en una visión de la beata María de San José Noguera (1638-1705). Ésta había revelado a su confesor Pinto de Guisla, que la Virgen deseaba que se le hiciese un vestido verde, con su nombre bordado en la saya, con su corona y “una custodia en el pecho que me sirva de hoia”. Aparte de otras piedras, la alhaja -en forma de ostensorio- está formada por “quince esmeralditas y algunas perlas”. La preciosa pieza está atribuida al platero Diego Viñoly (1692-1743). El joyero posee otra custodia a modo de colgante (11,5 x 5,5cms.) de oro, esmeraldas, perlas y esmaltes (arte barroco, finales XVII).
Desde las Indias llegaron grandes esmeraldas y perlas perfectas como jamás antes se habían visto. Procedían de las pesquerías de las costas caribeñas, del litoral ecuatoriano y de las minas colombianas. El espectacular rostrillo que luce la Virgen de Las Nieves en las grandes solemnidades es una prueba fehaciente. Se confeccionó en torno a 1770 para aprovechar muchas esmeraldas y perlas que se tenían que ya estaban inútiles “por la antigüedad de su hechura” y que se encontraban en anillos, sortijas, sartas, madejas, hilos, collares, etc.
Así, en La Habana se comercializaba también costosas joyas y alhajas confeccionadas en oro con engastes de espectaculares esmeraldas de Nueva Granada, así como de corales, manatí, perlas, aljófares, esmaltes, piedras preciosas, etc. En la ciudad cubana también se adquirían directamente las esmeraldas indianas. Pérez Morera nos informa de que “en tiempos del mayordomo don Diego de Guisla y Castilla, se otorgó poder a favor del licenciado don Marcos de Herrar para que cobrara en La Habana cien pesos pertenecientes a la Virgen de Las Nieves, destinados a la compra de unas esmeraldas para un rostrillo”. En 1713, hizo protocolar una misiva recibida de José Martínez, fechada en La Habana el 8 de octubre de 1712, en la que se comprometía a comprar las esmeraldas de su peculio, por “ser para obra tan buena y para vna señora a quien tanto reverensio” (Andrés de Huerta Perdomo, 11 enero 1713).
Los incas y los aztecas consideraban la esmeralda una piedra santa. En este sentido –según el estudio de Galiana-, algunos escritos hinduistas contienen comentarios sobre estas piedras preciosas verdes, calificadas de sagradas y usadas como talismanes, y su energía curativa. El verde esmeralda era considerado un color de vida y amor. En la Roma antigua era el color dedicado a Venus, diosa del amor y la belleza. El verde es también el color santo del Islam. La esmeralda simboliza el conocimiento mágico y el poder de los magos.
El investigador Pérez Morera indica que, uno de los envíos documentados, el único que aún se conserva y es posible identificar, es el donado en 1675 a la Virgen Palmera por el vecino de La Habana Domingo Hernández. Así, en su nombre y en el de su difunta esposa, enviaron un gran tesoro en joyas, apreciadas por el afamado platero Pedro Leonardo de Escobar y Santa Cruz, del que sobresale una cruz rica de oro esmaltado, esmeraldas y perlas pendientes.
En 1606, el mercader Ruy Pérez de Cabrera remitió desde Sevilla a Santa Cruz de La Palma, a través del maestre Miguel Rodríguez de Acosta, “un caimán de oro con dies y ocho esmeraldas y una perla y un onbresillo” junto con otras ricas joyas. También para la “Morenita” habían llegado dos singulares lagartijas de oro y esmeraldas que fueron reproducidas, según Pérez Morera, “-colgando de los extremos inferiores de la eme de perlas que la virgen ostenta sobre la barquiña- en un verdadero retrato litográfico editado en París en 1860”. Fueron enajenadas en 1876. La primera, que poseía ocho esmeraldas y un doblete pendiente de topacio, había sido donada en 1652 por Margarita de Guisla Van de Walle, esposa del mayordomo del santuario Bartolomé Pinto. Fue hurtada a la Virgen en marzo de 1678, pero recuperada en la tienda de un comerciante holandés. Gracias a la generosa donación de Rafael Cabrera Vidal, la exquisita pieza le fue restituida a la Virgen en 2010, gracias a que sus diferentes propietarios habían transmitido de generación en generación el recuerdo de su pertenencia a Nuestra Señora. La segunda lagartija, con diez esmeraldas y un pendiente de perlas, fue ofrecida por la dama Francisca Vélez de Ontanilla, camarera de “Asieta”, en 1778.
Otra de las joyas más emblemáticas de Nuestra Señora es la “sirena”. Se trata de otro de los pinjantes de cadenas de finales del siglo XVI o principios del XVII y procedente con probabilidad de talleres andinos, al igual que la “lagartija” y el “papagayo”. Fue donada por María de Las Nieves Pinto y Vélez de Ontanilla, que a su vez la había heredado en 1716 de su madre, Hipólita Teresa Vélez de Ontanilla (1666-1716). Está sujeta por dos cadenas “al elemento de suspensión superior que, con cuatro anillas en cruz, permite el uso de la joya”. Pérez Morera continúa describiéndola: “cubre su pecho una esmeralda almendrada y otros 29 ojos o cabujones de las mismas piedras están embutidos en la testa de la serpiente –pintada en verde al igual que la cola-, en la cintura y a lo largo de la cola, tanto por el anverso como por el reverso. Lleva enroscada sobre el torso y los brazos una sierpe que descansa la cabeza sobre su hombro y a la que dirige su mirada la sirena”. El clavo de oro o roseta superior tiene un cabujón de esmeralda en el centro. Esta sirena de esmeraldas perteneció a la mencionada María de Las Nieves Pinto, quien en el testamento que firmo en 1779, la dejó con una cadena de perlas a su sobrina Beatriz Pinto y Vélez y después a su hermano Juan Pinto. Como ninguno de ellos tuvo descendencia, en virtud de las mismas disposiciones, pasó a la Virgen de Las Nieves, a la que también regaló “una rosa de esmeraldas que es conocida y de mi uso”. Acerca de la sirena de esmeraldas, Fernández García añadía: “es de hacer notar que una sirena similar a la que la Virgen tiene se encuentra en el Museo Lázaro Galdiano, de Madrid”.
En la Bajada Lustral de 2010, se estrenó una danza infantil coreada en honor a la Virgen de Las Nieves denominada “Danza de las Sirenas”. La prensa local decía que “contienía muchos de los elementos característicos de los actos tradicionales de las fiestas: sencillez, originalidad y una sabia mezcla de emoción, inocencia y ternura”. Se había inspirado en esta joya emblemática de la Virgen, así como en la relación de Santa Cruz de La Palma con el mar.
Los miembros de la prestigiosa saga familiar, los Vélez de Ontanilla, poseían numerosas alhajas hechas en perlas, oro, y “esmeraldas hechuras de pescado, sirenas, lagartos y papagayos”. Debido a la temática de estos últimos, se les suele considerar americanos. El de oro y esmeraldas que posee la Virgen, según Pérez Morera, se recoge por primera vez en el inventario de 1625 como “un papagayo pequeñito de oro con esmeraldas que dio Santiago Fierro Bustamante”. Sin embargo, Fernández García nos informaba de que “el papagayo de oro y esmeraldas fue donado en 1604 por Diego Fierro”. El primero nos lo describe: “en posición frontal, alas desplegadas y larga cola, posa sobre un tronco en ‘S’ tendida, originariamente pintado con esmaltado en verde, del que cuelgan un pinjante con dos perlas engarzadas. Es de oro con esmeraldas de talla tabla y triángulo embutida en cajas de engaste, cinco en cruz sobre el pecho; otras dos en cada ala y tres más en el reverso. No tiene cadenas –y tampoco consta que las tuviera-, tan sólo una anilla de sujeción en la cabeza. Cuelga de una rosa de oro a la filigrana, con 13 esmeraldas y cuatro piedras blancas que va sujeta a la ‘eme’ de perlas…”
Todas estas bellas obras de arte, y muchísimas más, conforman el joyero más valioso de cuantos existen en Canarias, que se incrementa constantemente con los obsequios que le hacen los devotos de dentro y fuera de la Isla, en agradecimiento a los favores recibidos de la Gran Señora de La Palma.
José G. Rodríguez Escudero
Galería
BIBLIOGRAFÍA:
FERNÁNDEZ GARCÍA, Alberto-José, Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves, Everest, León, 1980
GALIANA, Helena. El poder de los cristales, Barcelona, 2005
LORENZO RODRIGUEZ, Juan Bautista. Noticias para la Historia de La Palma, La Laguna- Santa Cruz de La Palma, 1975.
MARTÍN SÁNCHEZ, Miguel Ángel. El imaginero Lorenzo Mercandante. Estudio de la obra y claves de su huella en la Virgen de Las Nieves de la Isla canaria de La Palma, La Esperanza, 2009
«Misterios de Muerte y Resurrección», Comunicación Parroquial, Suplemento del numero 107, 1ª y 2ª quincenas de abril , Santa Cruz de La Palma, 1992
PÉREZ MORERA, Jesús. “Virgíneo pudor. Sobre las Veras Efigies de la Virgen de Las Nieves”, en María y es la nieve de su nieve. Favor, esmalte y matiz, Obra Social y Cultural de CajaCanarias, 2010
- Idem. «El joyero de la Virgen. La lagartija, la sirena y el papagayo», Bajada de Ntra. Sra. La Virgen de Las Nieves en el año de 1850, Excmo. Cabildo Insular de La Palma, 2010
- Idem. Bernardo Manuel de Silva, Santa Cruz de Tenerife, 1994
PÉREZ VIDAL, José. «En el tercer centenario de la Bajada de la Virgen», Programa de la Bajada de la Virgen, 1980.
XLII Fiesta de las Madres Real Santuario de Nuestra Señora de Las Nieves
El próximo domingo 27 de mayo de 2012 tendrá lugar el emotivo homenaje que se tributa anualmente a la Virgen de Las Nieves “como Madre de todos los palmeros y, en general, a todas nuestras madres”.
La Fiesta de Las Madres se celebra en honor a la Virgen, a nuestras madres –tanto vivas como difuntas- y a la propia Isla, en representación de la Madre Naturaleza.
Fue instituida en 1971, por lo que en esta edición se cumple su fiesta número cuarenta y dos. Debido al arraigo que ha alcanzado en el Pueblo Palmero, se trata de la segunda festividad mariana más importante del año en el Real Santuario, después de las Fiestas Mayores de Agosto.
Tras tomar posesión de la parroquia el 11 de octubre de 1970, el actual rector del Santuario -don Pedro Manuel Francisco de Las Casas- instituyó esta celebración, conjuntamente con los “Coros y Danzas de la Sección Femenina”.
Patrona inmemorial de la Isla de San Miguel de La Palma, los orígenes del culto a la Virgen de Las Nieves se pierden en un pasado tan remoto como oscuro, y ha sido motivo de debate insular en todo tiempo. Como escribía en 1753 el dominico palmero fray Luis Tomás Leal en el prólogo de la novena a la Morenita, “ignórase el quándo, quién y de dónde vino aquel portentoso simulacro, que es de piedra, y no muy sólida, de tres quartas de alto, de color clarimoreno y con la preeminencia de todas las señales que, según arreglada crítica, califican por extraordinarias y milagrosas otras santas imágenes”.
El Papa Pío XII, mediante Breve Pontificio dado en Roma el 13 de noviembre de 1952, reconoció y declaró este Patronazgo Inmemorial de la Virgen de Las Nieves y de San Miguel Arcángel sobre toda la Isla de La Palma.
Tras el tradicional concierto en la Plaza interpretado por la Banda Municipal de Música San Miguel de Santa Cruz de La Palma, a las 11:30 de la mañana dará comienzo la solemne Eucaristía concelebrada en el interior de la suntuosa iglesia, centro espiritual de La Palma por antonomasia. Presidirá y predicará don Eduardo Rodríguez Rodríguez, Delegado Diocesano para la Nueva Evangelización y Formador del Seminario Diocesano de La Laguna. Transmitirá en directo la emisora “Cope La Palma” y colaborará el Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma.
La imagen de la Virgen es una pequeña efigie de estilo románico tardío del siglo XIV (hay investigadores que aseguran que pertenece al siglo XIII) y se muestra sobrevestida para su culto. Varios estudiosos, entre los que se encuentra el prestigioso profesor palmero Pérez Morera, han considerado su posible origen sevillano. El desaparecido y polifacético artista Fernández García –figura importante en la creación de esta fiesta mariana que nos ocupa- escribió que es “una obra gótica con reminiscencias románicas”. Mide 57 cms. y está realizada en barro cocido, material con el que modelaron sus esculturas los artistas flamencos o franceses activos en la ciudad hispalense en el siglo XV. Hernández Perera nombraba como ejemplos de ellos a Lorenzo Mercadante o Miguel Perrín. El investigador palmero Martín Sánchez ha publicado un minucioso estudio sobre el imaginero Lorenzo Mercadante de Bretaña en el que le atribuye la autoría de la milagrosa imagen. Otros estudiosos, como el Marqués de Cubas en 1694, señalaban que es de “barro portugués con letreros en la orla o manto que no pueden leerse”. También es curioso señalar que la beata María de San José, en 1680, tuvo la revelación de que la imagen de la Negrita había sido formada por los ángeles del cielo de “la columna en que fue azotado el Señor”
Participarán en la celebración: la Rondalla de la Agrupación Folklórica “Tuhoco” del pago de Velhoco, el Coro Parroquial de San Francisco de Asís, la Banda Municipal de Música “San Miguel de La Palma”, la Banda de Cornetas y Tambores “Gayfa” (agrupaciones todas de la capital palmera), así como varios poetas de la Isla.
Recordemos que la “Gran Señora de La Palma” ostenta el título honorífico de Alcaldesa Honoraria y Perpetua de los catorce municipios: Santa Cruz de La Palma (1942), Los Llanos de Aridane (1964), Fuencaliente de La Palma (1982), Breña Baja (1992), Breña Alta (1994), Puntallana (2004), Villa de Mazo (2005), San Andrés y Sauces (2005), Tijarafe (2005), Villa de Garafía (2010), Barlovento (2010), El Paso (2010), Puntagorda (2010) y Villa y Puerto de Tazacorte (2010). Curiosamente también lo es del municipio tinerfeño de Güimar (1985).
El Excmo. Cabildo Insular de La Palma, por unanimidad, ha acordado conceder la Medalla de Oro de la Isla de La Palma al Real Santuario Insular (Pleno del 14 de enero de 2011), así como el título de “Regidora Mayor de La Palma” a la Virgen de Las Nieves (Pleno del 11 de febrero de 2011).
Al término de las solemnidades intramuros, aproximadamente a la una del mediodía, la Virgen –imagen mariana más antigua y que más riquezas atesora de Canarias- saldrá en procesión en torno al templo. Una ocasión excepcional para apreciar de cerca de la sagrada imagen durante la cual recibe la veneración directa y especial de su pueblo. Numerosas personas se arremolinan en torno a sus andas para poder cargarla durante unos instantes y así dar cumplimiento a una promesa; otras para besarle el manto o el baldaquino de plata y hacerle una petición, etc.
Una antigua tradición, recogida en el siglo XVIII por el erudito Viera y Clavijo, señala que la Virgen estaba en la Isla antes de la llegada de las tropas castellanas del Adelantado Fernández de Lugo a finales del siglo XV y que en una Bula Pontificia de Martino V fechada el 20 de noviembre de 1423, ya se hace mención de una capilla bajo la advocación de “Santa María de La Palma”. Existen indicios para pensar, como dijera el profesor Pérez Morera, “que el santuario fue fundado o superpuesto sobre algún lugar que los aborígenes consideraban sagrado”.
Para la procesión estará colocada en sus andas de baldaquino de plata repujada y decorada con motivos barrocos. Datan de 1665 y son las segundas más antiguas del Archipiélago. Las primeras pertenecen a la Virgen del Rosario de Santa Cruz de La Palma. Aquellas andas, junto con el resto del altar trono festivo despiezado en 42 trozos -compuesto por el sagrario, el frontal, las barandas, las cinco gradas, etc.- son llevadas, como cada cinco años, en alegre romería en la tradicional “Bajada del Trono” hasta la Parroquia Matriz de El Salvador. La última se celebró en julio de 2010 y la próxima será en el mismo mes de 2015. En la capilla mayor de ese templo se arma y aguarda bajo dosel de terciopelo y oro la llegada de la Virgen dos semanas después. Recordemos que la Bajada Lustral fue instituida en 1650.
A la “Fiesta de las Madres” acudirán devotos peregrinos y orgullosos romeros de toda la Isla. En aquellos años en los que no se celebran comicios electorales a finales de mayo, siempre esta celebración tiene lugar el último domingo de ese mes. Todos los caminos, una vez más, conducirán a Las Nieves. Como curiosidad digamos que tiene el honor de haber sido el primer Real Santuario nombrado en Canarias, título que ostenta desde que en 1649 fuera acogido por el monarca Felipe IV bajo su Real Patronato.
Existe un curioso mandato del Lcdo. Aceituno al mayordomo de la Virgen, Bartolomé de Morales, fechado el 6 de septiembre de 1576. En él le ordena que tuviera mucho cuidado de que no comieran ni durmieran en la ermita los vecinos que iban a velar a la “Señora” y que no bailaran en veinte pasos alrededor del templo, bajo pena de 6 reales en caso que se “perpetrara alguna danza”. Prohibición que luego fue ratificada en 1629. Recordemos que la imagen de la Patrona Palmera fue canónicamente coronada el 22 de junio de 1930. En esta edición se cumplen 82 años de este privilegio pontificio otorgado por S. S. Pío XI.
Para sobrevestir a la sagrada imagen se le van colocando diferentes vestidos que posee en su valioso ropero. Por ejemplo, para la edición de 2010 –año de Bajada-, se eligió un espectacular traje de tisú granate bordado en oro del siglo XVIII, cuya urdimbre (conjunto de hilos que se colocan en el telar paralelamente unos a otros para formar la tela) es de las más compactas de las piezas que conforman el fabuloso vestuario de la Virgen. Tras muchos años de no habérsele puesto, este lujoso vestido fue escogido entre la veintena de valiosos trajes completos de diversos colores que posee “ASIETA”. Así es como también se conoce a la “Morenita”. Son las siglas de –entre otras interpretaciones- “Alma Santa Inmaculada En Tedote Aparecida”, aunque también “Alma Santa Inmaculada En quien Tenemos Amparo”. Según la leyenda estaba inscrita en la espalda de la imagen. Algo que, sin embargo, no se ha podido comprobar.
En el último tercio del siglo XVI se inició la costumbre de sobrevestir a la sagrada escultura con tocas, mantos, joyas y sayas. El progresivo deterioro sufrido por el paso del tiempo obligó a encerrar la imagen bajo una campana textil. Así quedó configurada su iconografía tal y como la conocemos, embutida dentro de una percha triangular de corte barroco. El pueblo la ha venerado siempre bajo esta apariencia y descubrir su interior es un tabú que hasta ahora no ha sido desvelado. Paz y Morales decía en 1920 que esta forma exterior es la “propia de las imágenes de la Edad Media, teniendo para acomodarle los vestidos dos brazos añadidos, lo mismo que otro Niño Jesús que se pueden mover y separar de su cuerpo a voluntad. En sus vestidos usa de todos los colores, menos el negro, abuso intolerable y que debiera ordenarse el blanco como el único y exclusivo”.
Esta indumentaria se visualiza a través de las primeras representaciones pictóricas llegadas hasta nosotros: un exvoto marinero de 1639, un lienzo y una tabla del siglo XVII, piezas custodiadas en el Real Santuario de Las Nieves. En estas obras la sagrada imagen -vestida de aquella forma triangular- ya se expone a la veneración del pueblo. El mencionado cronista Marín y Cubas da testimonio de ello en 1687: “hoy está metida en una funda de madera que la hace más alta, y es además aderezada con vestidos y joyas…”
Otros ejemplos: para sobrevestir a la sagrada imagen en 2009, se eligió un magnífico y valioso traje de seda confeccionado en rico brocado de primavera muy antiguo. Está entretejido con hilos de oro. Se denomina “primavera” ya que el dibujo se basa en muchas clases de flores. En este caso concreto, la que más predomina es el clavel. El vestido que lució en la edición de 2008 fue un espléndido traje verde claro muy antiguo, confeccionado en brocado, también entretejido con hilos de oro, de modo que este metal forma en la cara superior unas grandes flores briscadas de diversas tonalidades. No se le ponía después de unos quince años. En el año 2007 se la revistió con otro valioso traje verde como símbolo de la frondosidad y el verdor de los campos de Villa de San Andrés y Sauces que tuvo el honor durante esta fiesta de entregarle los atributos como su “Alcaldesa Honoraria y Perpetua”. También fue elegido por ser precisamente el color de la Virgen de la Montaña, Montserrat -Patrona de ese municipio-. El año anterior se eligió un traje verde claro y luminoso confeccionado en oro y plata y riquísimas telas del siglo XVIII en honor a Villa de Mazo, como símbolo de la campiña y sol de sus costas y por el mismo motivo. El año 2005, se le colocó un precioso y rico traje rojo en honor a San Juan Bautista (color de la sangre derramada en su martirio), patrón de Puntallana, al ser este municipio el que honró a la Patrona Insular con el mismo título; y así un largo etcétera.
Antes de la entrada de la Virgen en el templo, y de que le sean tributados los honores reales por las dos bandas mencionadas, tendrá lugar la ofrenda floral y poética y la exhibición folklórica.
La ofrenda floral a la “Virgen Negra de La Palma” la iniciará el Ilmo. Sr. don Miguel Angel Morcuende Hurtado, Director Insular de la Administración General del Estado, y su esposa, doña Isabel Trujillo Plasencia, representantes este año de los matrimonios de la Isla. La pareja estará acompañada por diversas representaciones infantiles y juveniles de La Palma. Previamente desfilarán los niños y las niñas portando cestas de flores durante la procesión delante de la Patrona, mientras que la mencionada dama sostendrá un cojín de terciopelo rojo bordado en oro sobre el que irá una rosa natural. Ésta será colocada en las manos de Nuestra Señora de Las Nieves, junto a la “Rosa Áurea” de oro macizo que le regalara doña Manuela Sotomayor en 1960 y que lleva en las grandes solemnidades. A veces el lugar elegido para colocar la flor es la base de plata al lado del creciente de luna de la Virgen. A los aplausos de los presentes se añadirán el repique de campanas y la explosión de voladores. Emotivo instante en el que siempre se resbala más de una lágrima.
La concentración espiritual y majestad icónica que emana del rostro de esta imagen, esquemáticamente idealizado, refleja lo eterno y sobrenatural. Pérez Morera continuaba diciendo que “tal vez a ello se debe la poderosa atracción que ejerce sobre quien lo contempla y la devoción despertada a través de los siglos”. Fray Diego Henríquez en 1714 decía: “el rostro es perfecto y lleno; los ojos, rasgados y abiertos que parecen mirar a todas partes; las mejillas rosadas; el color moreno, no con exceso obscuro; ostenta majestad y mueve a veneración y devoción…”
Los numerosos niños y niñas que han participado en la procesión portando ramos y cestas de flores las repartirán, una vez bendecidas por el sacerdote, a todas las madres presentes en la Plaza del Santuario.
Habrá un recuerdo especial para las madres difuntas. Se interpretará por Coros y Banda el “Himno a la Madre”, con letra de Gumersindo Galván de las Casas y música de Felipe López Rodríguez, ambos fallecidos.
Hasta hace unos años, la Virgen paraba y era girada unos instantes hacia la ventana de la casa rectoral para saludar a la madre de don Pedro Manuel, rector del Santuario, quien ya muy anciana no podía asistir a la procesión. Unos instantes cargados de emoción. El descanso de la procesión dejó de hacerse una vez falleció la señora.
Al paso de la procesión por la Calle del Museo Sacro, quedará bendecida la nueva rampa de acceso para personas con discapacidad, desde los aparcamientos que, en varios niveles, comienza estos días a mejorar el Excmo. Cabildo Insular de La Palma.
El fervor del pueblo imploraba su auxilio cuando alguna catástrofe asolaba la isla: epidemias, volcanes, langosta, sequías… Uno de los tantos prodigios que se le atribuyen fue el que sucedió en 1646, cuando se extinguió el primer volcán de Fuencaliente, día en que, según recogen las actas del Cabildo, “amanecieron las cumbres de esta isla llenas de nieve”.
Varios poetas de la Isla rendirán homenaje a la Virgen ofreciéndole algunas piezas poéticas y la agrupación Tuhoco del pago capitalino de Velhoco hará la ofrenda folklórica, consistente en danzas y cantos de la “Patria Chica” y ataviados con los preciosos trajes tradicionales.
Coros y Danzas Nambroque de La Palma de la capital (Medalla de Oro de Canarias en el año 2004, entre otros muchos galardones) ha venido clausurando –no ha sido así en algunas ediciones en la que los diversos pueblos de la Isla la han nombrado Alcaldesa Honoraria y Perpetua, etc.- el emotivo acto ante la venerada Imagen y la concurrencia. Esta admirada agrupación folclórica inició -hace ya cuarenta y dos años- esta entrañable “Fiesta de Las Madres”, conjuntamente con el Real Santuario y el desaparecido investigador palmero Alberto- José Fernández García.
La Fiesta de Las Madres se celebra en honor a la Virgen, a nuestras madres –tanto vivas como difuntas- y a la propia Isla, en representación de la Madre Naturaleza.
Fue instituida en 1971, por lo que en esta edición se cumple su fiesta número cuarenta y dos. Debido al arraigo que ha alcanzado en el Pueblo Palmero, se trata de la segunda festividad mariana más importante del año en el Real Santuario, después de las Fiestas Mayores de Agosto.
Tras tomar posesión de la parroquia el 11 de octubre de 1970, el actual rector del Santuario -don Pedro Manuel Francisco de Las Casas- instituyó esta celebración, conjuntamente con los “Coros y Danzas de la Sección Femenina”.
Patrona inmemorial de la Isla de San Miguel de La Palma, los orígenes del culto a la Virgen de Las Nieves se pierden en un pasado tan remoto como oscuro, y ha sido motivo de debate insular en todo tiempo. Como escribía en 1753 el dominico palmero fray Luis Tomás Leal en el prólogo de la novena a la Morenita, “ignórase el quándo, quién y de dónde vino aquel portentoso simulacro, que es de piedra, y no muy sólida, de tres quartas de alto, de color clarimoreno y con la preeminencia de todas las señales que, según arreglada crítica, califican por extraordinarias y milagrosas otras santas imágenes”.
El Papa Pío XII, mediante Breve Pontificio dado en Roma el 13 de noviembre de 1952, reconoció y declaró este Patronazgo Inmemorial de la Virgen de Las Nieves y de San Miguel Arcángel sobre toda la Isla de La Palma.
Tras el tradicional concierto en la Plaza interpretado por la Banda Municipal de Música San Miguel de Santa Cruz de La Palma, a las 11:30 de la mañana dará comienzo la solemne Eucaristía concelebrada en el interior de la suntuosa iglesia, centro espiritual de La Palma por antonomasia. Presidirá y predicará don Eduardo Rodríguez Rodríguez, Delegado Diocesano para la Nueva Evangelización y Formador del Seminario Diocesano de La Laguna. Transmitirá en directo la emisora “Cope La Palma” y colaborará el Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma.
La imagen de la Virgen es una pequeña efigie de estilo románico tardío del siglo XIV (hay investigadores que aseguran que pertenece al siglo XIII) y se muestra sobrevestida para su culto. Varios estudiosos, entre los que se encuentra el prestigioso profesor palmero Pérez Morera, han considerado su posible origen sevillano. El desaparecido y polifacético artista Fernández García –figura importante en la creación de esta fiesta mariana que nos ocupa- escribió que es “una obra gótica con reminiscencias románicas”. Mide 57 cms. y está realizada en barro cocido, material con el que modelaron sus esculturas los artistas flamencos o franceses activos en la ciudad hispalense en el siglo XV. Hernández Perera nombraba como ejemplos de ellos a Lorenzo Mercadante o Miguel Perrín. El investigador palmero Martín Sánchez ha publicado un minucioso estudio sobre el imaginero Lorenzo Mercadante de Bretaña en el que le atribuye la autoría de la milagrosa imagen. Otros estudiosos, como el Marqués de Cubas en 1694, señalaban que es de “barro portugués con letreros en la orla o manto que no pueden leerse”. También es curioso señalar que la beata María de San José, en 1680, tuvo la revelación de que la imagen de la Negrita había sido formada por los ángeles del cielo de “la columna en que fue azotado el Señor”
Participarán en la celebración: la Rondalla de la Agrupación Folklórica “Tuhoco” del pago de Velhoco, el Coro Parroquial de San Francisco de Asís, la Banda Municipal de Música “San Miguel de La Palma”, la Banda de Cornetas y Tambores “Gayfa” (agrupaciones todas de la capital palmera), así como varios poetas de la Isla.
Recordemos que la “Gran Señora de La Palma” ostenta el título honorífico de Alcaldesa Honoraria y Perpetua de los catorce municipios: Santa Cruz de La Palma (1942), Los Llanos de Aridane (1964), Fuencaliente de La Palma (1982), Breña Baja (1992), Breña Alta (1994), Puntallana (2004), Villa de Mazo (2005), San Andrés y Sauces (2005), Tijarafe (2005), Villa de Garafía (2010), Barlovento (2010), El Paso (2010), Puntagorda (2010) y Villa y Puerto de Tazacorte (2010). Curiosamente también lo es del municipio tinerfeño de Güimar (1985).
El Excmo. Cabildo Insular de La Palma, por unanimidad, ha acordado conceder la Medalla de Oro de la Isla de La Palma al Real Santuario Insular (Pleno del 14 de enero de 2011), así como el título de “Regidora Mayor de La Palma” a la Virgen de Las Nieves (Pleno del 11 de febrero de 2011).
Al término de las solemnidades intramuros, aproximadamente a la una del mediodía, la Virgen –imagen mariana más antigua y que más riquezas atesora de Canarias- saldrá en procesión en torno al templo. Una ocasión excepcional para apreciar de cerca de la sagrada imagen durante la cual recibe la veneración directa y especial de su pueblo. Numerosas personas se arremolinan en torno a sus andas para poder cargarla durante unos instantes y así dar cumplimiento a una promesa; otras para besarle el manto o el baldaquino de plata y hacerle una petición, etc.
Una antigua tradición, recogida en el siglo XVIII por el erudito Viera y Clavijo, señala que la Virgen estaba en la Isla antes de la llegada de las tropas castellanas del Adelantado Fernández de Lugo a finales del siglo XV y que en una Bula Pontificia de Martino V fechada el 20 de noviembre de 1423, ya se hace mención de una capilla bajo la advocación de “Santa María de La Palma”. Existen indicios para pensar, como dijera el profesor Pérez Morera, “que el santuario fue fundado o superpuesto sobre algún lugar que los aborígenes consideraban sagrado”.
Para la procesión estará colocada en sus andas de baldaquino de plata repujada y decorada con motivos barrocos. Datan de 1665 y son las segundas más antiguas del Archipiélago. Las primeras pertenecen a la Virgen del Rosario de Santa Cruz de La Palma. Aquellas andas, junto con el resto del altar trono festivo despiezado en 42 trozos -compuesto por el sagrario, el frontal, las barandas, las cinco gradas, etc.- son llevadas, como cada cinco años, en alegre romería en la tradicional “Bajada del Trono” hasta la Parroquia Matriz de El Salvador. La última se celebró en julio de 2010 y la próxima será en el mismo mes de 2015. En la capilla mayor de ese templo se arma y aguarda bajo dosel de terciopelo y oro la llegada de la Virgen dos semanas después. Recordemos que la Bajada Lustral fue instituida en 1650.
A la “Fiesta de las Madres” acudirán devotos peregrinos y orgullosos romeros de toda la Isla. En aquellos años en los que no se celebran comicios electorales a finales de mayo, siempre esta celebración tiene lugar el último domingo de ese mes. Todos los caminos, una vez más, conducirán a Las Nieves. Como curiosidad digamos que tiene el honor de haber sido el primer Real Santuario nombrado en Canarias, título que ostenta desde que en 1649 fuera acogido por el monarca Felipe IV bajo su Real Patronato.
Existe un curioso mandato del Lcdo. Aceituno al mayordomo de la Virgen, Bartolomé de Morales, fechado el 6 de septiembre de 1576. En él le ordena que tuviera mucho cuidado de que no comieran ni durmieran en la ermita los vecinos que iban a velar a la “Señora” y que no bailaran en veinte pasos alrededor del templo, bajo pena de 6 reales en caso que se “perpetrara alguna danza”. Prohibición que luego fue ratificada en 1629. Recordemos que la imagen de la Patrona Palmera fue canónicamente coronada el 22 de junio de 1930. En esta edición se cumplen 82 años de este privilegio pontificio otorgado por S. S. Pío XI.
Para sobrevestir a la sagrada imagen se le van colocando diferentes vestidos que posee en su valioso ropero. Por ejemplo, para la edición de 2010 –año de Bajada-, se eligió un espectacular traje de tisú granate bordado en oro del siglo XVIII, cuya urdimbre (conjunto de hilos que se colocan en el telar paralelamente unos a otros para formar la tela) es de las más compactas de las piezas que conforman el fabuloso vestuario de la Virgen. Tras muchos años de no habérsele puesto, este lujoso vestido fue escogido entre la veintena de valiosos trajes completos de diversos colores que posee “ASIETA”. Así es como también se conoce a la “Morenita”. Son las siglas de –entre otras interpretaciones- “Alma Santa Inmaculada En Tedote Aparecida”, aunque también “Alma Santa Inmaculada En quien Tenemos Amparo”. Según la leyenda estaba inscrita en la espalda de la imagen. Algo que, sin embargo, no se ha podido comprobar.
En el último tercio del siglo XVI se inició la costumbre de sobrevestir a la sagrada escultura con tocas, mantos, joyas y sayas. El progresivo deterioro sufrido por el paso del tiempo obligó a encerrar la imagen bajo una campana textil. Así quedó configurada su iconografía tal y como la conocemos, embutida dentro de una percha triangular de corte barroco. El pueblo la ha venerado siempre bajo esta apariencia y descubrir su interior es un tabú que hasta ahora no ha sido desvelado. Paz y Morales decía en 1920 que esta forma exterior es la “propia de las imágenes de la Edad Media, teniendo para acomodarle los vestidos dos brazos añadidos, lo mismo que otro Niño Jesús que se pueden mover y separar de su cuerpo a voluntad. En sus vestidos usa de todos los colores, menos el negro, abuso intolerable y que debiera ordenarse el blanco como el único y exclusivo”.
Esta indumentaria se visualiza a través de las primeras representaciones pictóricas llegadas hasta nosotros: un exvoto marinero de 1639, un lienzo y una tabla del siglo XVII, piezas custodiadas en el Real Santuario de Las Nieves. En estas obras la sagrada imagen -vestida de aquella forma triangular- ya se expone a la veneración del pueblo. El mencionado cronista Marín y Cubas da testimonio de ello en 1687: “hoy está metida en una funda de madera que la hace más alta, y es además aderezada con vestidos y joyas…”
Otros ejemplos: para sobrevestir a la sagrada imagen en 2009, se eligió un magnífico y valioso traje de seda confeccionado en rico brocado de primavera muy antiguo. Está entretejido con hilos de oro. Se denomina “primavera” ya que el dibujo se basa en muchas clases de flores. En este caso concreto, la que más predomina es el clavel. El vestido que lució en la edición de 2008 fue un espléndido traje verde claro muy antiguo, confeccionado en brocado, también entretejido con hilos de oro, de modo que este metal forma en la cara superior unas grandes flores briscadas de diversas tonalidades. No se le ponía después de unos quince años. En el año 2007 se la revistió con otro valioso traje verde como símbolo de la frondosidad y el verdor de los campos de Villa de San Andrés y Sauces que tuvo el honor durante esta fiesta de entregarle los atributos como su “Alcaldesa Honoraria y Perpetua”. También fue elegido por ser precisamente el color de la Virgen de la Montaña, Montserrat -Patrona de ese municipio-. El año anterior se eligió un traje verde claro y luminoso confeccionado en oro y plata y riquísimas telas del siglo XVIII en honor a Villa de Mazo, como símbolo de la campiña y sol de sus costas y por el mismo motivo. El año 2005, se le colocó un precioso y rico traje rojo en honor a San Juan Bautista (color de la sangre derramada en su martirio), patrón de Puntallana, al ser este municipio el que honró a la Patrona Insular con el mismo título; y así un largo etcétera.
Antes de la entrada de la Virgen en el templo, y de que le sean tributados los honores reales por las dos bandas mencionadas, tendrá lugar la ofrenda floral y poética y la exhibición folklórica.
La ofrenda floral a la “Virgen Negra de La Palma” la iniciará el Ilmo. Sr. don Miguel Angel Morcuende Hurtado, Director Insular de la Administración General del Estado, y su esposa, doña Isabel Trujillo Plasencia, representantes este año de los matrimonios de la Isla. La pareja estará acompañada por diversas representaciones infantiles y juveniles de La Palma. Previamente desfilarán los niños y las niñas portando cestas de flores durante la procesión delante de la Patrona, mientras que la mencionada dama sostendrá un cojín de terciopelo rojo bordado en oro sobre el que irá una rosa natural. Ésta será colocada en las manos de Nuestra Señora de Las Nieves, junto a la “Rosa Áurea” de oro macizo que le regalara doña Manuela Sotomayor en 1960 y que lleva en las grandes solemnidades. A veces el lugar elegido para colocar la flor es la base de plata al lado del creciente de luna de la Virgen. A los aplausos de los presentes se añadirán el repique de campanas y la explosión de voladores. Emotivo instante en el que siempre se resbala más de una lágrima.
La concentración espiritual y majestad icónica que emana del rostro de esta imagen, esquemáticamente idealizado, refleja lo eterno y sobrenatural. Pérez Morera continuaba diciendo que “tal vez a ello se debe la poderosa atracción que ejerce sobre quien lo contempla y la devoción despertada a través de los siglos”. Fray Diego Henríquez en 1714 decía: “el rostro es perfecto y lleno; los ojos, rasgados y abiertos que parecen mirar a todas partes; las mejillas rosadas; el color moreno, no con exceso obscuro; ostenta majestad y mueve a veneración y devoción…”
Los numerosos niños y niñas que han participado en la procesión portando ramos y cestas de flores las repartirán, una vez bendecidas por el sacerdote, a todas las madres presentes en la Plaza del Santuario.
Habrá un recuerdo especial para las madres difuntas. Se interpretará por Coros y Banda el “Himno a la Madre”, con letra de Gumersindo Galván de las Casas y música de Felipe López Rodríguez, ambos fallecidos.
Hasta hace unos años, la Virgen paraba y era girada unos instantes hacia la ventana de la casa rectoral para saludar a la madre de don Pedro Manuel, rector del Santuario, quien ya muy anciana no podía asistir a la procesión. Unos instantes cargados de emoción. El descanso de la procesión dejó de hacerse una vez falleció la señora.
Al paso de la procesión por la Calle del Museo Sacro, quedará bendecida la nueva rampa de acceso para personas con discapacidad, desde los aparcamientos que, en varios niveles, comienza estos días a mejorar el Excmo. Cabildo Insular de La Palma.
El fervor del pueblo imploraba su auxilio cuando alguna catástrofe asolaba la isla: epidemias, volcanes, langosta, sequías… Uno de los tantos prodigios que se le atribuyen fue el que sucedió en 1646, cuando se extinguió el primer volcán de Fuencaliente, día en que, según recogen las actas del Cabildo, “amanecieron las cumbres de esta isla llenas de nieve”.
Varios poetas de la Isla rendirán homenaje a la Virgen ofreciéndole algunas piezas poéticas y la agrupación Tuhoco del pago capitalino de Velhoco hará la ofrenda folklórica, consistente en danzas y cantos de la “Patria Chica” y ataviados con los preciosos trajes tradicionales.
Coros y Danzas Nambroque de La Palma de la capital (Medalla de Oro de Canarias en el año 2004, entre otros muchos galardones) ha venido clausurando –no ha sido así en algunas ediciones en la que los diversos pueblos de la Isla la han nombrado Alcaldesa Honoraria y Perpetua, etc.- el emotivo acto ante la venerada Imagen y la concurrencia. Esta admirada agrupación folclórica inició -hace ya cuarenta y dos años- esta entrañable “Fiesta de Las Madres”, conjuntamente con el Real Santuario y el desaparecido investigador palmero Alberto- José Fernández García.
José G. Rodríguez Escudero
GALERÍA:
La Virgen de Las Nieves viste traje de duelo por el obispo emérito Don Felipe Fernández
Tras el fallecimiento del prelado el pasado Viernes Santo, 3 de abril de 2012, y siguiendo con una tradición, en el Real Santuario se ha revestido a la venerada imagen de la Patrona de La Palma con un “Traje de Duelo”. Está confeccionado en valioso terciopelo de seda morado bordado por las monjas del cercano Monasterio de El Císter en hilos de oro fino con ornamentación floral de mediados del siglo XX. Se compone de faldón, corpiño con mangas y puños, manto amplio y vestido-túnica del Niño Jesús a juego. Este traje tiene la siguiente inscripción: “Este manto ha sido donado por el devoto Sr. D. Maximino Rodríguez Pérez residente en Cuba el 8 de septiembre de 1957”.
Se da la circunstancia de que no se suele prender en él ninguna alhaja o joya, como símbolo de sobriedad y aflicción, aunque la Virgen sí lleva en torno a su cara el “rostrillo de diario” (cuajado de piedras preciosas), y no el de gala (mucho más valioso, de perlas y esmeraldas). Recordemos que la primera vez que aparece en los inventarios de su ermita una prenda de vestir perteneciente a la imagen es el 12 de julio de 1534, donde se dice: “una toca de seda vieja”.
Tan sólo se viste con este conjunto morado con motivo del fallecimiento del Jefe de Estado, del Papa, del Obispo de la Diócesis, del Párroco del Santuario, del Capellán de Honor de la Virgen y, como decisión excepcional, en 1984 con ocasión del fallecimiento de Alberto José Fernández García. Había sido una persona muy vinculada a la Virgen y al Santuario, con el que siempre mantuvo una estrecha colaboración. Recordemos que, durante muchos años, este polifacético palmero tuvo a su cargo el alto honor de aderezar y vestir a la Sagrada Imagen. Con absoluto desinterés, además, hizo multitud de diseños y asesoró en temas histórico-artísticos a los responsables del templo. Entre muchos de sus trabajos se encuentra el galardonado Real Santuario Insular de Nuestra Señora de Las Nieves (Editorial Everest, León, 1980)
ASIETA tan sólo ha sido expuesta a la veneración de los fieles con estos ropajes en nueve puntuales ocasiones: tras la muerte del General Francisco Franco (1975); de los Papas Pablo VI (1978), Juan Pablo I (1978) y Juan Pablo II (2005); del mitrado Luis Franco Gascón (1984); ahora del Obispo Emérito Felipe Fernández (2012); de los clérigos Andrés de las Casas Guerra (1992, antiguo párroco) y de Luis Van de Walle Carballo (1987, anterior capellán de la Virgen; actualmente lo es Elías Yanes Álvarez, Arzobispo Emérito de Zaragoza) y Alberto-José Fernández García (1984).
Este hermoso traje fue expuesto durante la V Muestra de Arte Sacro titulada «Misterios de Muerte y Resurrección», que tuvo lugar en el Real Santuario -por aquel entonces estaba siendo remozado-, en el marco del V Centenario de la Fundación de Santa Cruz de La Palma. Allí se dio cita una multitud de público –los visitantes superaron el número de veinte mil-, que apreció el valioso catálogo compuesto de 250 impresionantes obras de arte de los siglos XVI al XX (esculturas, pinturas, grabados, orfebrerías y tejidos). Tuvo lugar desde el 25 de abril al 17 de mayo de 1993. El vestido de “Pasión” o “Duelo” pudo ser admirado en el bajo coro (lado de la plaza) en el que también se ubicaban “Las Dolorosas”, el “Cuadro de la Divina Pastora” y algunos otros vestidos de la “Señora de La Palma”.
Tan pronto fue nombrado el nuevo Papa Benedicto XVI, la “Morenita” cambió de vestimenta para la “Fiesta de las Madres”, fundada en el año 1971. Se trata de la segunda celebración mariana más solemne del año en el Santuario, después del 5 de agosto, onomástica de la Virgen de Las Nieves.
Volviendo al asunto que nos ocupa, Nuestra Señora de Las Nieves, aderezada como emperatriz, conserva en su riquísimo vestidor numerosos trajes suntuosos, de todos los colores, para responder a todos los tiempos litúrgicos.
Ortega Abraham nos informa de que “vestida de pasión la contempló Pedro Alvarez de Lugo Usodemar (1628-1706), que bordó una excepción en su obra lírica y filosófica, los únicos versos religiosos que se le conocen, y que explican en siguiente introito:
Colocó en suntuoso mausoleo la insigne
Parroquia de San Salvador
en la Isla de La Palma,
a la milagrosa imagen
de Nuestra Señora de Las Nieves,
un Jueves Santo, vestida de luto,
estando a la vista de un sol de justicia
y manjar de gracia.
A este intento es el soliloquio
de estas quintillas.
¿El verter perlas la aurora
es porque amanece ahora?
Pero no, pues llega a ser
negro el color y al nacer
tirio esmalte lo colora.
¿Por estar el sol de frente
y ser nieve transparente
son cristalinos desmayos?
Mas no, que solares rayos
lo acercan continuamente.
Más de luz vital escaso
yendo el sol, Cristo, al ocaso
con evidencias colijo
que lloran del sol su Hijo
dos soles el fatal caso”.
ORTEGA ABRAHAM, Luis. «La Señal del Reo y María de Los Dolores», en Programa de la Semana Santa 2006, Santa Cruz de La Palma, 2006
POGGIO CAPOTE, Manuel . «De tanto corazón la fe rendida: la Virgen de las Nieves y la cultura popular. Notas históricas y etnográficas», María y es la nieve de su nieve. Favor; esmalte y matiz, Servicio de Publicaciones de la Caja General de Ahorros de Canarias, publicación nº 459, Colección Arte nº 85, 2010
José Guillermo Rodríguez Escudero
Los Enanos de la calle Garachico

1950 fue un año muy peculiar por la serie de funciones vinculadas a la célebre Danza de Enanos. Por aquel entonces, el tradicional baile llegó a ejecutarse no sólo en la jornada marcada por el programa municipal de las fiestas de la Bajada de la Virgen de las Nieves, esto es el jueves 22 de junio; además, el mágico espectáculo volvió a representarse el 29 de julio, en el estreno de un nuevo día dedicado a la danza, poco antes de la subida de la imagen mariana al santuario. Por último, el 24 de octubre de 1950, los Enanos clausuraron el año con una exhibición en la explanada del muelle, en el cierre de la visita oficial de Franco a La Palma. Estas dos últimas representaciones fueron promovidas al margen del programa municipal: una, obligada dadas las exigencias que demandaba la afluencia de público al espectáculo y que, a partir de este instante, se ha consolidado de manera plena en el calendario lustral; la otra, puntual y claramente interesada desde un punto de vista político, conformada en aras de agradar al entonces jefe del Estado.
Cabría recordar que en la Bajada de la Virgen de 1950, la Danza de Enanos se interpretó con libreto de José Lozano Pérez (1890-1951) y música de Domingo Santos Rodríguez (1902-1979), autor asimismo de la celebérrima polca Recova, ejecutada en la segunda parte del espectáculo; la alegoría escogida para esta edición fue la de consejeros. Lo curioso es que en el expresado año no sólo concurrieron las tres convocatorias reseñadas, más o menos oficiales, de la popular danza. En el verano llegaron a consumarse dos espontáneas, ingenuas y oficiosas representaciones infantiles. De la primera, organizada por un reducido grupo de niños, vecinos de la calle Jorós, conocida como “Blanca Nieves y los siete enanitos”, existe un artículo periodístico publicado por Antonio Javier González Díaz. De la segunda, promovida en la calle Garachico por un conjunto de jóvenes, no queda hoy en día otro testimonio que la memoria de sus promotores y participantes. Por esta razón, antes de que las vicisitudes de esta última recreación no canónica de la Danza de Enanos se diluyan en el tiempo (dada su modestísima puesta en escena y, por tanto, su ausencia en cualquier fuente escrita), conviene que describamos sus incidencias. Nuestro objetivo es sumar una nueva página a la historia de los ancestrales Enanos, uno de los números festivos de mayor arraigo en Canarias.
De igual forma a “Blanca Nieves y los siete enanitos”, en el estío de 1950, un grupo de niños, vinculados esta vez a la céntrica calle Garachico, preparó una ingenua Danza de Enanos. Se trataba de una imitación de la segunda parte del espectáculo (el baile de liliputienses con su polca). Con este propósito, los promotores buscaron varas de madera, papel y otros complementos con el fin de confeccionar caretas, indumentaria y gorros. Las varillas se consiguieron de la matriz en que venían liados los rollos de telas, cedidas por los comercios de Hugo Martín, Triana, José Cabrera Rodríguez y don Félix (en los bajos del Casino); el papel provino del embalaje de los fideos, solicitado a las fábricas de pastas de la localidad; el cabello y las barbas se prepararon a partir de zaleas, en uso entonces como parte de los pañales infantiles. Para disponer y montar todo el entramado se utilizó una amplia habitación dedicada al juego de la vivienda familiar de los Pérez Acosta (calle Garachico, nº 19). Además, los jóvenes se sirvieron de la ayuda de sus progenitoras en tareas de costura; el dibujo de los rostros fue realizado por doña Paulita Acosta Expósito, pintora aficionada, madre de dos de los niños participantes y anfitriona, junto a su marido, Mauricio Pérez Santiago, de la casa y del cuarto de juegos. Las edades de sus integrantes se encontraban comprendidas entre los 6 y los 11 años.
En una tarde indeterminada de un día laborable de finales de julio o principios de agosto, las notas de la Danza de Enanos volvieron a sonar una vez más; lo hacían ahora de un modo mucho más popular: cantada al unísono por el grupo de infantes partícipes y por el corro de concurrentes. Los Enanos salieron de la casa de los Pérez Acosta y, para asombro de los transeúntes que por allí pasaban, desplegaron su cándido entretenimiento. En primer lugar, en la misma calle Garachico, luego, en la placeta de Borrero, a continuación, al pie de la antigua escuela real, en la actualidad Juzgados (calle Anselmo Pérez de Brito), por último, en el tramo inicial de Álvarez de Abreu, frente al domicilio de Catalina Pérez González. Asimismo, se tenía previsto algún otro punto de representación, no consumado finalmente debido a las contundentes protestas de un componente de la danza oficial de Enanos ante las autoridades civiles. Ello motivó que, poco después del comienzo de las actuaciones, un guardia municipal acudiera a la vivienda de la familia Pérez Acosta a dar cuenta de las quejas e impedir que los enanos infantiles prosiguieran su peregrinaje.
Como legado de aquellas aventuras sólo ha pervivido una instantánea tomada en la placeta de Borrero, quizás por un afortunado fotógrafo que transitaba por allí en aquel momento; en primer plano, aparecen los ochos componentes de esta danza ataviados con la indumentaria característica: Agustín y Mauricio Pérez Acosta, Apeles Gmelch Díaz, Eladio Rodríguez Ortega, Antonio Peña Aparicio, León Cobiella Pereira, Agustín Amaro Vázquez y Manuel Duque Galván; detrás, un numeroso grupo de jóvenes mayores, entre los que se distingue a Óscar Amaro Cabrera, Luis Gmelch Díaz, Carlos Duque Galván, Javier Cobiella Cuevas, Idafe Plata Rodríguez, Juvenal Pérez Amaro o Eugenio Carballo Benítez, algunos de ellos colaboradores del evento.
Aunque los Enanos de la calle Garachico no fueron otra cosa que una recreación muy modesta del célebre baile lustral, su recuerdo no deja de resultar llamativo. 1950 ha quedado de este modo como un año distintivo en la historia de la Danza de Enanos, en el que cupieron funciones tradicionales, novedosas, políticas e infantiles. La mezcla de creatividad, arrojo y humor tendida por aquellos jóvenes es una nueva muestra palpable de la enjundia que poseen las manifestaciones festivas de nuestra ciudad; sin duda alguna, uno de sus tesoros más preciados.
*Cronista Oficial de Santa Cruz de La Palma
Publicado en el Diario de Avisos el 10/08/11:
http://www.diariodeavisos.com/2011/08/10/islas/la-palma/los-enanos-de-la-calle-garachico







